Él
ya estaba sentado en una mesa redonda, pequeña, al lado de la ventana. Me gustó
el juego de luz y sombra que se reflejaba en él. Sobre todo porque esta escena que estaba
contemplando a paso lento mientras me dirigía hacia él, vivificaba mis
sentimientos: sacar a la luz lo que está en las sombras, o sea, mis verdaderos
sentimientos por él.
En
mi recorrido sentí una fugaz punzada de frustración, esa frustración que tenía
línea directa con el complejo de inferioridad al que estaba malacostumbrada;
faltaban diez minutos para las cinco y él ya estaba ahí, unos cuantos pasos por
delante de mí. Como siempre, él se me escapaba de entre mis manos de algún
modo… Ahí lo supe, era él quien me tenía entre sus manos. Reconocí esa
necesidad de echar a volar, como las mariposas de la carta, y crecer en la más
plena libertad.
Me
sobrevino este pensamiento:
“Más conocimiento de ti misma, menos excusas para dejar de ser tú misma.
Mis pasos se hicieron más
firmes.
Me
recibió con un cálido abrazo al que yo respondí con
un extra de sonrisa. Realmente estaba nerviosa, pero feliz de saber que al fin
tenía el valor necesario para este momento presente. Sin aventurar, sin querer
sacar una carta de tarot en una lectura mental, dejé fluir nuestras energías,
la masculina con la femenina y tras un pequeño intercambio de conversación banal y entretenida y la llegada de nuestras infusiones,
decidí sin más, decir lo que sentía.
- Llevamos un tiempo sin vernos- me dice esperando
una respuesta, con sus manos entrelazadas apoyadas en su barbilla.
- Sí. He estado muy metida en mis sueños.
Conociéndome mejor. – Esto me gustaba, no tenía que ocultarle esta parte de mí.
Me comprendía y no indagaba más allá de la comprensión. Le sonreí y tomé un
sorbo de mi infusión. - ¿Y tú?.
- Trabajo y más trabajo. Esa ha sido la rutina. –
Tomó un sorbo. Estaba expectante, o tal vez yo interpreté así su expresión.
- Te preguntarás por qué te he llamado hoy. Así,
tan de repente.
- No. La verdad es que me preguntaba por qué no me
habías llamado antes.- Esto cambió la escritura de mi cara convirtiéndola en
una verdadera interrogación. Pude sentir como se rompían las cadenas dentro mí.
Esas que me ataban a todos los supuestos y a ninguna realidad.
- Quiero experimentar la realidad.- Me dije.
- ¿Perdona? – Oh, no me había dado cuenta que lo
había dicho en voz baja, pero muy clara para él.
- Pues la realidad de lo que siento. Me gustas,
desde hace mucho tiempo, mucho más que como un amigo, en realidad, estoy enamorada de ti. – Le dije, tomé otro sorbo, crucé
mis piernas y apoyé una mano sobre la mesa mirándole fijamente. Me sorprendí de
mi actitud tan decidida. Tan liberadora.
Se
hicieron unos eternos segundos de silencio. No quise leer la expresión de su
rostro. Simplemente quería una respuesta en este momento presente.
Continuará…
