sábado, 29 de junio de 2013

Capítulo XV: Su Historia. Mi Presente. (Segunda Parte - ELENA)


Mis padres vivieron todo un romance, eso sí, no exento de la cruda realidad. Mi padre pertenecía a la clase alta y mi madre a la clase humilde. En aquellas épocas. Así que su historia era la de un amor prohibido. Por este motivo, lo llevaron en secreto, durante dos años. Pero nada es para siempre y, por supuesto, cuando quisieron dar el paso de dar a conocer su relación de forma oficial, mis abuelos paternos, se negaron rotundamente y mandaron a mi padre a terminar sus estudios a Estados Unidos. Bien lejos :-( . Aún así mantuvieron el contacto por correo, pero no durante mucho tiempo. Bruno tenía una serie de obligaciones con su familia y la muerte su padre, le obligó a asumir el mando de la empresa familiar, puesto que era, como yo, hijo único.

Pasaron los años, muchos años, y mi madre no rehízo su vida con ningún otro hombre. Ella siguió esperando a mi padre…

Llegó el momento del reencuentro.

Bruno  regresó a Bari, tras más de una década, mi madre tenía treinta y cinco años por aquella época y él, treinta y ocho. Se cruzaron, cruzaron sus miradas y las palabras no fluyeron, solo los recuerdos. Cayeron enredados. Escondiéndose una vez más, porque él ya era un hombre casado que simplemente no había pasado página, por más que hubiese escrito nuevos párrafos con otros personajes. Pero la tinta de su romance se mantuvo indeleble, estática en el tiempo y en la memoria.

Mi madre se sintió avergonzada. Ella sabía que él estaba casado, era un rumor que corrió como la pólvora, pero se hizo la sorda y continuó amándole. Eso sí, esta vez fue ella quien puso tierra por medio y viajó hasta España. Y me tuvo.

Cortó todo lazo de comunicación con Italia. No quiso volver a saber nada de Bruno, mi padre.

Y esta es su historia. Ahí fue donde terminó su romance y comenzó mi vida.

Gloria, ahora creo poder entender mejor a mi madre, pero eso no quita que me duela la mentira. Mi padre estuvo vivo durante todos estos años y yo nunca tuve la oportunidad de conocerlo.

Siento rencor en mí, pero también siento ganas de empezar de nuevo, de dejar atrás las frustraciones de un pasado algo turbio. Crees que seré capaz???

No sabes cuánto te necesito!!! Escribe pronto!! Estaré pendiente de tu respuesta!!!

Y ÁNIMO! :-)






Capítulo XV: Su Historia. Mi Presente. (Primera Parte - ELENA)


Hola preciosidad! Por fin puedo sentarme a escribirte! Leí tu mensaje!!! Tan mal estás? Qué te ocurre? Alex te ha rechazado? No le has encontrado? :-o

No sé muy bien por donde empezar, así que iré directa. YA SÉ TODA LA HISTORIA SOBRE MI PADRE. TODO.

Te cuento...

Tras la primera toma de contacto con el señor Baccelieri, me llevaron a un centro de acogida para niños y adolescentes. Allí conocí a Felice, una mujer que me trató, desde un principio, como si me conociese de toda la vida. Fue francamente desconcertante, pero todo empezó a tomar forma cuando me mostró un centro de acogida para niños y me contó que ella y mi padre, fueron buenos amigos, y que la ayudó a fundar y sacar adelante ese centro. Hubo un momento, cuando me mostró un par de fotos de mi padre, que creí que me iba a romper y ¿a qué no sabes qué? ¡Lloré por primera vez en muuuuucho tiempo!

Sigue leyendo, que ahora llega el verdadero impacto. Felice esperó hasta la sobremesa, creo que sabía que no podría probar bocado tras contarme la historia .

¿Preparada? Jajajajaja, te tengo angustiada con tanto preámbulo ¿verdad? Puedo imaginarme tu cara, jajajajaja. Bueno, a lo que iba. Esta es la historia de mis padres.

Se conocieron un verano de 1968, mi madre trabajaba en el restaurante de sus padres, y mi padre, fue con los amigos a celebrar el comienzo de vacaciones. Por aquel entonces, él padre estudiaba en la reconocida universidad Politecnico di Torino y en Bari, pasaba las vacaciones junto con su familia y amigos de la infancia. Ella los atendió y él no tardó en mostrar especial interés por aquella camarera que atendía en italiano y hacía las comandas en español. Eso fue lo que más le atrajo de ella, por lo visto.
Pues bien, entre bromas y sonrisas pícaras, le prometió a mi madre que vendría cada día a verla y que se tomaría sus comidas y cafés ahí hasta que ella accediese a una cita con él. ¡Imagínate! ¡Se presentó a mis abuelos maternos y les comentó que su hija le había robado el corazón, y que solo pedía una oportunidad para estar con ella y conocerse mejor!

¡Increíble Gloria! Creo que mi padre vivía muy adelantado para su época. Era muy atrevido, teniendo en cuenta las tradiciones italianas.

Continúo…

Pasaron los días, se fue ganando la simpatía de todos, menos la de mi madre :-( . Hasta que un día, ella tenía que sacar unas pesadas cajas y dejarlas en la parte trasera del restaurante y mi padre se ofreció a ayudarla, ella se negó, orgullosa y cabezota, pero él, persistente, llevó todas las cajas de una, como muestra de su fortaleza. Aaaaayy hombres. Ahí a mi madre se le ocurrió la brillante idea de ponerlo a trabajar en las tareas como cargar con la basura, limpiar los aseos, entre otras, pero a cambio, él le hizo prometer que si cumplía con todas las tareas, ella accedería a una cita. Y así fue. Durante una semana entera lo tuvo trabajando casi sin descanso, incluso atendió las mesas. Los clientes, se quedaban perplejos ante su presencia, nadie se explicaba cómo un joven apuesto como él, que podría estar disfrutando de un perfecto verano junto con sus amigos, estaba a las órdenes de una jovencita, que además, lo trataba con cierto desprecio.

Pasó la semana y llegó el día de la cita. Él la recogió con su flamante coche y ella, dudó en subir a este o no. Pero debía cumplir con la promesa :-)

La cita fue de lo más romántica. La llevó a pasear por el puerto tras invitarla a un maravilloso picnic mientras veían el atardecer y, mientras paseaban, cómo no, comieron delicioso helado italiano.

¡Se besaron! ¡En esa primera cita! Y no se separaron por el resto del verano, y él siguió ayudando en el restaurante solo para estar más cerca de ella.

domingo, 9 de junio de 2013

No Más Prisas VIII


No más prisas. Digo aquí alto y claro, a mí misma, no más prisas. Renuncio a machacarme y hundirme en la ansiedad de un futuro que aún es incierto y que mientras, siga viva, se mantendrá así. Yo, deseosa de conocerme a mí misma me estoy traicionando sin darme cuenta.

Quiero disfrutar del No saber, de la libertad aleatoria que mi libre albedrío me otorga.

Muchas palabras que cargo a mis espaldas, siendo yo misma mi peor enemigo. Todo llegará. Quiero repetírmelo a mí misma una y otra vez y dejar de herirme. Porque por cada vez que me daño, por cada momento que desperdicio en ello, desperdicio la gran oportunidad de todo lo que la tierra es capaz de ofrecerme, y desperdicio mi creatividad entre réplicas. Desperdicio el estar viva, y poder crear en cada paso que doy, en cada sonrisa, en cada suspiro una nueva ráfaga de luz, manchada por el  anhelo inútil de llegar al final de algo que luego, no podré retomar.
Y Todo.

Y Nada Más.

Muerta.


Precioso texto de Irene R.

Gran escritora, gran amiga. Gracias por enriquecer este rincón de escritura y creatividad.


Capítulo XIV: Posición Uno (ELENA)


Sentada a la mesa, me acercó un objeto plano y algo desgastado, ligero y de colores caídos, era mi padre, la imagen de mi padre. Ni una palabra salió de mis labios. Cerré mi boca entreabierta y mis dientes crearon la presa perfecta para unas palabras que trataban de huir, tras años y años de reclusión, en un rincón oscuro y solitario llamado rencor.

Otra foto más, esta debía ser más reciente, los colores saltaban de su ropa y su sonrisa, sus ojos, tan iguales a los míos… somos casi un calco.
Entonces ocurrió, las palabras se aliaron con las lágrimas en su intento de fuga, desarmando todo sistema de control y vigilancia, y como la niña que un día fui, dije lo que sentía sin pensarlo: papá.

Tan extraña era aquella sensación de libertad, que solo pude levantarme para dirigirme a alguna habitación o aula vacía para llorar y repetir esa misma palabra casi prohibida una y otra vez. Pero Felice me detuvo, en un abrazo, me secó las lágrimas y me dio permiso, otra vez como a una niña pequeña, para ir al baño, lavarme la cara y volver, porque la comida estaba lista y tenía mucho más que contarme.

Alargué mi momento en el baño, con la luz del sol filtrándose por los cristales al ácido, creando un eco de silencio y lágrimas. Me lavé la cara, primero con cuidado por el maquillaje, volvieron a brotar aquellas lágrimas, volví a pronunciar la misma palabra. Me lavé la cara, esta vez sin cuidado alguno, me daba igual mi cuidada y perfecta máscara de mujer que con todo puede y nada le afecta.

Parada, mirándome al espejo de altura infantil. Me vi con claridad. Vi que esa niña nunca había salido a jugar con sus padres al parque, vi que esa niña solo decía mamá mientras miraba a las demás familias con expresión de no entender nada. No entendía sus sonrisas, no entendía porqué se cogían de las manos aquellos adultos, no entendía que sus compañeros de clase se burlasen de ella por ser algo diferente a ellos.

Así crecí, sin entender que a todos y cada uno de los hombres a los que había dejado una y otra vez, no eran mi padre ni mi trauma, sino mis víctimas. Víctimas de mi enfado guardado durante tantos años, pensando que era yo la liberada, cada vez que decía adiós y, ahora me daba cuenta, que me había encerrado a mí misma en una cárcel muy estudiada, mi propia trampa.

Me sentía dramática mientras escuchaba aquellas vocecitas que se dirigían al comedor. Aquellas risas. Sentía que mi niña pequeña quería seguirlos, ir con ellos porque así no iba a ser diferente. Iba a ser una más. Como siempre he querido ser en el fondo, una más. Pertenecer a algún grupo de amigos, llegar a una casa en la que hubiese un plato más sobre la mesa, una voz protectora que me ayudase a comprender y crecer en el amor de una familia completa.

Al fin me sentía liberada. Me sentía con tiempo para arreglar mi vida. Ahora tenía una imagen de mi padre. Esa que siempre me fue negada, ocultada como si de algo negativo se tratase. Un secreto. Uno que mi madre nunca quiso desvelarme. Ahora Felice podría contarme la historia de mis padres. De mi madre y de mi padre. De mamá y papá.


La historia detrás de este día, no ha hecho más que empezar.