viernes, 22 de marzo de 2013

Capítulo VIII - La Llamda del Millón (GLORIA)


Daba vueltas de un lado a otro, como una fiera enjaulada; ¿qué voy a decirle? Uummm esto... Alexander, que estaba de paso por Berlín y me he preguntado, ¿qué estará haciendo este? Y me he dicho, pues voy a llamarlo, quince años después, jaja.
P-A-T-É-T-I-C-O

Miraba fijamente al suelo, a mis pies descalzos reconfortados por la sensación suave de la moqueta. Eran las diez de la mañana, a duras penas había dormido cuatro horas y, ni siquiera el agua caliente de la ducha, había podido rebajar este cocktail explosivo de ansiedad y ridiculez, que había estado agitando durante todo el viaje. Va explotar, me dije mordiéndome la uña del dedo corazón, como siempre hago cuando no sé lo que estoy haciendo.

De pronto me paré y pensé. Y si este número no me lleva a ninguna parte, entonces, ¿qué haré? Mi billete está cerrado, son tres semanas en Alemania, sola, completamente sola. Me imaginé vagabundeando con cara de alma en pena por las calles, entrando a los museos, visitando parques y comprándome algunos libros para matar conscientemente dos o tres horas diarias en alguna cafetería.

PERDIDA.
NO.
PERDEDORA.
NO.
PERDEDORA DE LOS POCOS PAPELES QUE ME PUEDAN QUEDAR. Sí, esta me define bastante bien.

Pensé en alargar el tiempo de “desespera” yéndome a desayunar, pero en su lugar, me vestí y me dirigí hacia la mesilla de noche, donde reposaban el móvil, la carta y la foto a modo de recordatorio de mi verdadero propósito.

Me senté al borde de la cama y tensa como estaba, realicé la maniobra de llamada con la mayor rapidez y eficacia posibles: en realidad estaba tratando de desactivar la bomba de relojería que había estado llevando conmigo todo este tiempo. Y pulsé el botón verde de llamada imaginando que ese sería el cable correcto a cortar. Pero en vez de cesar el pitido que suelen emitir las bombas de las películas, el eterno tono de espera, anunciaba una posible explosión si, por casualidades de la vida, fuese ÉL quien contestara… En breve, lo sabré.

PRIMER TONO (silencio total), SEGUNDO TONO (nivel de pulsaciones aumentando), TERCER TONO sentido del ridículo, escondido bajo la cama, CUARTO TONO (la habitación se estrecha) QUINTO TONO:

-  Schmidt – Ese es su apellido, aunque la voz es la de una mujer.

-  Hola, soy Gloria Erben, me gustaría hablar con Alexan…


-  ¡¿Gloria?! ¡¿Gloria Erben?! ¡¿Eres tú de verdad?! ¡¡Soy yoooo!! Christel, la madre de Alexander – No me lo podía creer, me recuerda. - ¡Cuánto tiempo! ¡Cómo estás! ¡Cómo está tu madre¡ ¡¿Qué haces aquí?! ¡Pero qué sorpresa!

-  Sí… yo – No me dejó continuar.

-  ¿Desde dónde llamas? ¿Es que te has mudado a Berlín? ¡Aaaaayyyyy, madre mía! – Ahora estaba hablando en Español, mejor, eso introducía algo de orden en esta caótica conversación. - ¿Vas a venir a vernos? – ¿eing?, ¿así de fácil?, ¿ya está?, ¿tanto darle vueltas al asunto para que sea ella quien quiera verme?... Si es que hija, mira que eres un tostón, para hacer lo que sea te lo planteas como… ¡cállate vocecita del demonio, no es momento para nuestras discusiones bipolares!

-  ¡Me encantaría haceros una visita! ¿Cuándo sería posible? – Mi voz se ahogaba por momentos. Seguía sin poder creérmelo.

-  Pues… ¿Por qué no esta tarde? Podrías venir para la hora del café.

-  Entonces, vuestra dirección sigue siendo la misma ¿no? ¿O sólo conserváis el mismo número? – Creo, no, afirmo que estoy sudando.

-  Sí Glori – volvía a llamarme como cuando era una niña pequeña. - la dirección sigue siendo la misma. Yo no dejaría por nada esta casa. ¿Te esperamos para las cinco? – Me preguntó esto último con tono de entusiasmo.

-  ¿Podrá estar Alexander? ¿No estará ocupado? – Estaba atónita. Expectante ante su respuesta.

-  ¡Pues claro que vendrá Alexander! Y no sólo él, también vendrán mis hermanos y un par de vecinas que son muy amigas mías, ya verás qué bien.

No, nooo, no veré qué bien. ¿De sentirme más sola que la una a casi tener que crear un evento en el Facebook para quedar TODOS esta tarde? Mi voz interna tenía un tono chillón, casi ahogado por la futura vergüenza que ya estaba empezando a aflorar. Al final la bomba ha explotado, pero de un modo que nunca habría imaginado. Carraspeé para aclarar mi voz física y poder responder de una pieza fingiendo falso entusiasmo.

-  ¡Genial! Allí estaré. Será un placer veros a todos. Me dio una punzada en el estómago al pronunciar estas palabras.

-  ¡Claro que sí! ¡Qué sorpresa se va a llevar Alexander!  ¿Cómo? Va a estar media Alemania metida en tu casa y yo voy a ser la invitada sorpresa, ¿el centro de atención de TODOS? Aaayyy, mi expresión empezaba a torcerse hasta llegar a retorcerse. No me iba a hacer falta un avión de vuelta, volvería corriendo. Sin pausa alguna hasta llegar a mi casa, debajo de la cama para no salir nunca más de ahí. Soy muy tímida, demasiado tímida y esto me supera.

-  Pues lo dicho. A las cinco en casa. Aaaayyy, qué emoción

-  Jajajaja, sí. Ahí estaré. - No supe decir nada más.

Colgué y me dejé caer de espaldas sobre la cama. Todo me daba vueltas.


No hay comentarios :

Publicar un comentario