Daba
vueltas de un lado a otro, como una fiera enjaulada; ¿qué voy a decirle? Uummm esto... Alexander, que estaba de paso por Berlín
y me he preguntado, ¿qué estará haciendo este? Y me he dicho, pues voy a
llamarlo, quince años después, jaja.
P-A-T-É-T-I-C-O
Miraba
fijamente al suelo, a mis pies descalzos reconfortados por la sensación suave
de la moqueta. Eran las diez de la mañana, a duras penas había dormido cuatro
horas y, ni siquiera el agua caliente de la ducha, había podido rebajar este
cocktail explosivo de ansiedad y ridiculez, que había estado agitando durante
todo el viaje. Va explotar, me dije
mordiéndome la uña del dedo corazón, como siempre hago cuando no sé lo que
estoy haciendo.
De
pronto me paré y pensé. Y si este número
no me lleva a ninguna parte, entonces, ¿qué haré? Mi billete está cerrado,
son tres semanas en Alemania, sola, completamente sola. Me imaginé
vagabundeando con cara de alma en pena por las calles, entrando a los museos,
visitando parques y comprándome algunos libros para matar conscientemente dos o
tres horas diarias en alguna cafetería.
PERDIDA.
NO.
PERDEDORA.
NO.
PERDEDORA
DE LOS POCOS PAPELES QUE ME PUEDAN QUEDAR. Sí, esta me define bastante bien.
Pensé
en alargar el tiempo de “desespera” yéndome a desayunar, pero en su lugar, me
vestí y me dirigí hacia la mesilla de noche, donde reposaban el móvil, la carta
y la foto a modo de recordatorio de mi verdadero propósito.
Me
senté al borde de la cama y tensa como estaba, realicé la maniobra de llamada
con la mayor rapidez y eficacia posibles: en realidad estaba tratando de
desactivar la bomba de relojería que había estado llevando conmigo todo este
tiempo. Y pulsé el botón verde de llamada imaginando que ese sería el cable
correcto a cortar. Pero en vez de cesar el pitido que suelen emitir las bombas
de las películas, el eterno tono de espera, anunciaba una posible explosión si,
por casualidades de la vida, fuese ÉL quien contestara… En breve, lo sabré.
PRIMER
TONO (silencio total), SEGUNDO TONO (nivel de pulsaciones aumentando), TERCER
TONO sentido del ridículo, escondido bajo la cama, CUARTO TONO (la habitación
se estrecha) QUINTO TONO:
- Schmidt
– Ese es su apellido, aunque la voz es la de una mujer.
- Hola,
soy Gloria Erben, me gustaría hablar con Alexan…
- ¡¿Gloria?!
¡¿Gloria Erben?! ¡¿Eres tú de verdad?! ¡¡Soy yoooo!! Christel, la madre de
Alexander – No me lo podía creer, me recuerda. - ¡Cuánto tiempo! ¡Cómo estás!
¡Cómo está tu madre¡ ¡¿Qué haces aquí?! ¡Pero qué sorpresa!
- Sí…
yo – No me dejó continuar.
- ¿Desde
dónde llamas? ¿Es que te has mudado a Berlín? ¡Aaaaayyyyy, madre mía! – Ahora
estaba hablando en Español, mejor, eso introducía algo de orden en esta caótica
conversación. - ¿Vas a venir a vernos? – ¿eing?,
¿así de fácil?, ¿ya está?, ¿tanto darle vueltas al asunto para que sea ella
quien quiera verme?... Si es que hija, mira que eres un tostón, para hacer lo
que sea te lo planteas como… ¡cállate vocecita del demonio, no es momento para
nuestras discusiones bipolares!
-
¡Me encantaría haceros una visita! ¿Cuándo sería
posible? – Mi voz se ahogaba por momentos. Seguía sin poder creérmelo.
-
Pues… ¿Por qué no esta tarde? Podrías venir para
la hora del café.
-
Entonces, vuestra dirección sigue siendo la
misma ¿no? ¿O sólo conserváis el mismo número? – Creo, no, afirmo que estoy
sudando.
-
Sí Glori – volvía a llamarme como cuando era una
niña pequeña. - la dirección sigue siendo la misma. Yo no dejaría por nada esta
casa. ¿Te esperamos para las cinco? – Me preguntó esto último con tono de
entusiasmo.
-
¿Podrá estar Alexander? ¿No estará ocupado? –
Estaba atónita. Expectante ante su respuesta.
-
¡Pues claro que vendrá Alexander! Y no sólo él,
también vendrán mis hermanos y un par de vecinas que son muy amigas mías, ya
verás qué bien.
No,
nooo, no veré qué bien. ¿De sentirme
más sola que la una a casi tener que crear un
evento en el Facebook para quedar TODOS esta tarde? Mi voz interna tenía un
tono chillón, casi ahogado por la futura vergüenza que ya estaba empezando a
aflorar. Al final la bomba ha explotado, pero de un modo que nunca habría imaginado.
Carraspeé para aclarar mi voz física y poder responder de una pieza fingiendo
falso entusiasmo.
- ¡Genial!
Allí estaré. Será un placer veros a todos. Me dio una punzada en el estómago al
pronunciar estas palabras.
- ¡Claro
que sí! ¡Qué sorpresa se va a llevar Alexander!
¿Cómo? Va a estar media Alemania
metida en tu casa y yo voy a ser la invitada sorpresa, ¿el centro de atención
de TODOS? Aaayyy, mi expresión empezaba a torcerse hasta llegar a retorcerse. No
me iba a hacer falta un avión de vuelta, volvería corriendo. Sin pausa alguna
hasta llegar a mi casa, debajo de la cama para no salir nunca más de ahí. Soy
muy tímida, demasiado tímida y esto me supera.
- Pues
lo dicho. A las cinco en casa. Aaaayyy, qué emoción
- Jajajaja,
sí. Ahí estaré. - No supe decir nada más.
Colgué y me dejé caer
de espaldas sobre la cama. Todo me daba vueltas.
No hay comentarios :
Publicar un comentario