Carta a una estrella:
Querida Estrella, en estos tiempos que estoy atravesando, no consigo ver tu luz. Mi noche es oscura, cerrada y las rutas de los planos que tan bien creí haber trazado, solo han terminado llevándome a un callejón sin salida.
Querida Estrella, en estos tiempos que estoy atravesando, no consigo ver tu luz. Mi noche es oscura, cerrada y las rutas de los planos que tan bien creí haber trazado, solo han terminado llevándome a un callejón sin salida.
Tu imagen
promete paz, tranquilidad, pero cómo hallarla cuando lo único que siento es
confusión y el muro que ante mí se alza, me parece infinito, haciéndome sentir
pequeña y vulnerable.
Me
prometí un futuro mejor y al final solo logré vivir un presente vacío.
Pensé
que mi meta estaba en “algún día”, olvidando
disfrutar de cada paso que estaba dando.
Ahora,
en este callejón sin salida, que no permite retroceder, siento el peso de la
noche sobre mis hombros, el peso del día en mis cansadas rodillas. He caminado,
sin darme cuenta que lo estaba haciendo en círculos. Creí estar buscando nuevos
horizontes, pero solo estaba repitiendo el mismo error una y otra vez.
Sé
que esta es en realidad, mi oportunidad para darme cuenta de quién soy y del
momento presente. Pero no puedo evitar recurrir a mis recuerdos y aventurar mi
mente en suposiciones cada vez más retorcidas.
He
perdido mi norte, he perdido mi estrella. Y estos altos muros que ahora me
rodean, apenas me dejan ver un cachito de cielo. Ahora me pregunto ¿cuánto tiempo he estado mirando al suelo?
Ahora que pretendo levantar la vista, me encuentro con mi propia encerrona.
He
caído en la trampa de la rutina. He caído en mi propia trampa.
Confundí
tranquilidad con dejadez, alegría con ignorancia, amor con puro deseo.
¿Dónde está el amor que me debo a mí misma?
¿Dónde
está la fe en mí misma? ¿Dónde está la ilusión? Te lo pregunto a ti,
Estrella. Sé que estás oculta tras estos muros y también sé que no puedo verte,
por el mero hecho de haberme desviado del camino más importante.
Ser
yo misma.
Mi única guía.
Mi verdadera estrella.
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