domingo, 1 de septiembre de 2013

Capítulo XVII: Y la Copa Se Derramó (Primera Parte - GLORIA)


Una voz masculina pronunció su nombre y preguntó por mí. Yo me quedé en blanco, por un instante parecía como si nunca hubiese hablado por un móvil. Cuando reaccioné, esa voz seguía hablando y yo solo pude interrumpirle para preguntarle:

- Perdona, ¿quién eres?

- Hans, ¿no me recuerdas?

- No. Lo siento. 

Anoche, en la discoteca, nos conocimos y me diste tu número. Me dijiste que querías venir a las clases de baile de hoy.

- Jajajajaja – me reí histérica. – Mira, Hans, no te ofendas pero no recuerdo nada de anoche.

- Jajajajajaja, ¿ah no? – Pues yo si te recuerdo y me gustaría mucho volver a verte. Eres muy divertida.

- Te agradezco la invitación, pero no me encuentro como para bailar, la verdad.

- Oh, que pena, nos lo pasaríamos muy bien, de eso estoy seguro.

Yo no tanto, – quise decirle pero no me atreví.- Pues, tal vez en otra ocasión.– Me arrepentí de inmediato de haberlo dicho.

Sí, antes de lo que te imaginas. – Y se rió, lo cual me sonó vagamente familiar, era una risa que no soportaba mucho, por decirlo de algún modo suave.


Y colgó.

Miré al escritorio, ahí seguía la servilleta con otro número y otro nombre. Desde luego no iría a llamar. De pronto sonó de nuevo mi teléfono, otro número desconocido. Otra voz masculina.

- ¿Alex? ¿Cómo es que tienes mi número?

- Eso no importa. Necesito hablar contigo.

- Eh ¿Cómo? – Pensé rápido – Estoy con Katerina y Christel, ¿vienes?

- No. Quiero hablar contigo en privado.

-  Pero, ¿cómo lo voy a hacer...? ¿Cómo voy a…? Katerina no me deja…

- Eso déjamelo a mí. Te enviaré un mensaje con la hora y lugar de encuentro en cuanto esté todo despejado.

Y colgó.

¿Pero qué le pasa a los hombres?  Me quedé parada en la habitación, practicando la respiración pausada. Tranquilamente me senté en la cama y me puse a revisar el correo y leer a alguien cuerdo.

Pasaron los minutos, la historia de Elena parecía sacada de un guión de ciencia ficción. Me alegraba su evolución, su nueva conquista. Tampoco debe ser fácil estar en su piel. Pero ella es una guerrera y saldrá adelante.

Retomé la ruta hacia la cocina, donde encontré a Katerina sumida en una conversación telefónica y mientras se despedía, más risitas (buagh) y más miraditas indiscretas. Pasé de largo y me senté con Christel que me preparó el desayuno. Cuando estaba a punto de darle un sorbo a otro nuevo café, casi me atraganto cuando el móvil de Katerina volvió a sonar y saludó a su marido. Ahí cambió el ambiente. Todo era serio y gris. Ella insistía en que se vieran, pero él logró su “déjamelo a mí”.

A los segundos de colgar ella, mi móvil sonó. Un mensaje en la bandeja de entrada. No había apuntado su número, pero no hizo falta, lo reconocí.

Ahora no miraría el mensaje, no frente a dos mujeres que suspiraban y se miraban mutuamente, en un intento de consolarse silenciosamente.

¿Qué es toda esta situación? He cogido un avión sin escala, directo a un drama familiar. Aunque esté sana y salva, de verdad que me siento como si mi avión se hubiese estrellado.

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