jueves, 18 de octubre de 2012

XV - El Diablo


Embarqué, sin mirar atrás, huyendo. El capitán prometía aventuras y grandes riquezas. Yo sólo quería salir de ahí, de la rutina que me embargaba…

Ahora cruzábamos el océano, sólo puedo ver el agua oscurecida ante la tormenta que estaba al llegar. Creí ser libre y estar rompiendo con la esclavitud que mantenía mis pies, atados, en tierra firme.

Cuando el oleaje empezó a crecer, el cielo gris parecía cernirse sobre nosotros y los truenos hicieron añicos los deseos que creía posibles. Me dirigí al puente de mando, en busca del capitán, allí no estaba, a su camarote, tampoco estaba. Me había abandonado. Él sabía que este barco iba a la deriva. Desde un principio no tenía rumbo ni puerto en el que atracar.
Las olas azotaban el casco del barco con violencia. Temerosa, me di cuenta, el Diablo no da un paso en falso y sabía muy bien que yo estaba perdida, con mi maleta, confiada; - ¿Adónde desear ir?, me preguntó.
- ahora mismo, sólo quiero escapar, irme lejos de aquí.
- En mi barco hay lugar para ti ¿quieres venir?...creyendo ciegamente en él, subí, decidida, reconquistando mi independencia.
Ahora, en este camarote, aferrada a mi diario mientras todo a mi alrededor se mueve, comprendí que no puedo dejarme llevar por la lujuria y los deseos. Soy más que todo esto, pensé y repetí en voz alta. Tal vez él me haya abandonado, exactamente dónde quería, en plena tempestad. Pero la tormenta pasará y volveré a proa a contemplar un cielo despejado y observaré las señales que me lleven de vuelta a tierra firme, a buen puerto, con un único y verdadero deseo: ser feliz.

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